Ir al contenido principal

Bolsa de Valores Quito

Dos guerras, un alto costo

IMG_1701
  • marzo 31, 2026

 

El precio del petróleo ha vuelto a superar los $100 por barril. El ataque de Estados Unidos a Irán ha paralizado el tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las arterias más importantes del comercio energético mundial, por donde circula cerca del 20% del crudo global. Este no es un evento menor ni transitorio: es un shock geopolítico que altera los equilibrios del mercado energético y, con ello, las condiciones macroeconómicas globales.En este contexto, el mundo vuelve a dividirse entre países exportadores e importadores de petróleo. Para Ecuador, que aún mantiene la condición de exportador neto —aunque cada vez más debilitada— el impacto es mixto.

Por el lado fiscal, el alza del precio del petróleo genera un aumento en los ingresos al Estado. Cada dólar adicional en el precio del barril representa alrededor de $119 millones anuales en ingresos fiscales. Sin embargo, este beneficio está severamente limitado por la caída sostenida de la producción y exportaciones petroleras.

Solo en 2025 las exportaciones cayeron en 5,6% en volumen y producción fue de apenas 441.000 barriles diarios, 35.000 menos que el año anterior (-7,5%). Es decir, el país está perdiendo su capacidad de capturar los beneficios de un ciclo alcista del petróleo.

 El problema no es la disponibilidad de recursos, sino el modelo de gestión. El monopolio estatal ha demostrado ser incapaz de sostener niveles adecuados de producción. Sin inversión, sin tecnología ni incentivos adecuados, Ecuador se encamina a dejar de ser un actor relevante en el mercado petrolero, no por falta de reservas, sino por un modelo que desalienta la inversión y la eficiencia. Este escenario podría revertirse si se permite la entrada de inversión privada, la reactivación de campos maduros y la exploración de nuevos yacimientos. En un contexto internacional de precios altos, esta no es solo una opción conveniente: es una necesidad estratégica.

 

Impacto en combustibles 

 

El aumento del precio internacional del petróleo tiene un efecto directo sobre los combustibles. En menos de un mes, los precios internacionales de diésel y gasolina acumulan un aumento cercano al 30%, según cotizaciones internacionales recientes, presionando costos y elevando la inflación global. Sin embargo, en Ecuador este impacto no se transmite de manera inmediata debido al sistema de bandas que limita el ajuste mensual de precios a un máximo del 5%.

Este mecanismo introduce un desfase entre los precios internacionales y los precios locales. En el corto plazo, esto puede amortiguar el impacto sobre consumidores y empresas. Pero no elimina el costo: lo traslada temporalmente al Estado.

Cuando los precios internacionales suben rápidamente, como ocurre en el contexto actual, el sistema de bandas implica que el Estado absorba una parte significativa del incremento mediante subsidios implícitos. El gobierno también discute con transportistas urbanos la posibilidad de extender las compensaciones temporales creadas cuando se eliminó el subsidio al diésel. Esto presiona las cuentas fiscales y reduce el espacio para otras prioridades de gasto.

En otras palabras, el país enfrenta una disyuntiva: o ajusta gradualmente los precios internos, afectando a hogares y empresas, o sostiene subsidios que deterioran la sostenibilidad fiscal. Ninguna de las dos opciones es neutra.

 

Impacto en precios

El encarecimiento del petróleo no solo afecta a los combustibles. Tiene un efecto transversal sobre toda la economía global.

El petróleo es insumo clave en múltiples procesos productivos: transporte, fertilizantes, plásticos, químicos, logística. Por tanto, cuando su precio aumenta, se genera un efecto inflacionario en cadena. A esto se suma el encarecimiento de los fletes internacionales, que incrementa el costo de importación de bienes. El resultado es una inflación global más alta.

Para Ecuador, este fenómeno se traduce en inflación importada. En una economía dolarizada, donde la política monetaria es inexistente, los precios internacionales se transmiten directamente al mercado local. Ya se observó este efecto en 2022, cuando la inflación superó el 4% tras la invasión de Rusia a Ucrania. El escenario actual apunta en la misma dirección: presión inflacionaria, reducción del poder adquisitivo y mayores costos para las empresas.

 

Impacto en demanda internacional

El impacto más relevante —y muchas veces menos visible— de este tipo de shocks es su efecto sobre el crecimiento global. Cuando los precios de la energía aumentan, los consumidores en economías desarrolladas destinan una mayor proporción de su ingreso a cubrir necesidades básicas. Esto reduce su capacidad de consumo en otros bienes.

Para Ecuador, esto implica una menor demanda por sus exportaciones. Productos como camarón, banano, flores o atún dependen del ingreso disponible en mercados internacionales. Si ese ingreso se reduce, también lo hace la demanda.

La OCDE y el FMI coinciden: el shock energético provocado por la guerra en Irán no solo eleva la inflación, sino que ya está desacelerando el crecimiento global y, con ello, el dinamismo del comercio internacional. En ese contexto, Ecuador enfrentará un entorno externo menos dinámico, justo cuando necesita fortalecer su sector exportador.

 

Impacto en la cotización del dólar

La guerra en Medio Oriente ha introducido un nuevo factor de volatilidad en los mercados cambiarios, alterando la trayectoria que venía mostrando el dólar a nivel global. Hasta antes del escalamiento del conflicto, el dólar registraba una tendencia clara de depreciación, a febrero acumulaba una depreciación de 13,6% interanual frente al euro.

Esta debilidad está explicada por factores estructurales: el deterioro de los déficits gemelos de Estados Unidos, la reducción de su ventaja relativa en tasas de interés y un proceso gradual de rebalanceo global hacia activos no denominados en dólares.

Sin embargo, los episodios de alta incertidumbre geopolítica han modificado temporalmente esa dinámica. En contextos de riesgo extremo, el dólar recupera su rol histórico como activo refugio. Los inversionistas globales, ante escenarios de conflicto, disrupciones comerciales o volatilidad financiera, tienden a aumentar su exposición a activos líquidos y percibidos como seguros, entre ellos los bonos del Tesoro estadounidense y, por extensión, el dólar.

Esto genera movimientos bruscos y aparentemente contradictorios: una tendencia estructural de debilitamiento del dólar interrumpida por episodios de apreciación en momentos de tensión. El resultado es un tipo de cambio más errático, con oscilaciones más frecuentes y pronunciadas.

Esta mayor volatilidad no es trivial. Afecta decisiones de inversión, encarece coberturas cambiarias y complica la planificación financiera de empresas con exposición internacional. Además, introduce un elemento adicional de incertidumbre en los flujos de capital hacia economías emergentes, que pueden experimentar salidas temporales hacia activos considerados más seguros.

 

Otro golpe: guerra comercial con Colombia

A este ya complejo escenario internacional, Ecuador añade un shock interno autoinfligido: la guerra comercial con Colombia. El 21 de enero, el presidente Daniel Noboa anunció la imposición de una “tasa de seguridad” del 30% a las importaciones provenientes de Colombia, posteriormente elevada al 50%. La medida se justificó en argumentos de seguridad y en un déficit comercial que superaba los $1.000 millones anuales.

Sin embargo, los aranceles no corrigen problemas de seguridad; solo generan distorsiones económicas. Y el déficit comercial no es, por sí mismo, un problema económico.

Colombia respondió aplicando el principio de reciprocidad, imponiendo medidas equivalentes y suspendiendo transacciones de electricidad hacia Ecuador. Esto es particularmente crítico en un país que depende de importaciones energéticas en épocas de estiaje. Por su parte, Ecuador incrementó tarifas logísticas, como el transporte de crudo a través del OCP.

 

 

Entretelones…

Más allá de los argumentos económicos, existe una dimensión geopolítica evidente. Las decisiones adoptadas por Ecuador reflejan un alineamiento con la agenda de Estados Unidos en la región. El reconocimiento implícito de Colombia como un actor hostil, la expulsión del personal de la embajada de Cuba y la sincronización con la retórica comercial de Donald Trump no parecen coincidencias. Forman parte de una estrategia de posicionamiento político en un entorno regional complejo.

Sin embargo, este tipo de alineamientos tiene costos. La escalada de tensiones aumenta el riesgo de conflictos mayores, como lo evidencia la denuncia del presidente Gustavo Petro sobre un presunto bombardeo en territorio colombiano. La política comercial no puede desligarse de la geopolítica. Pero tampoco puede subordinar completamente la racionalidad económica a objetivos políticos de corto plazo. 

 

El costo económico de la guerra comercial

El impacto económico de esta guerra comercial es profundo y multifacético. La idea de sustituir importaciones provenientes de Colombia es, en la práctica, inviable en el corto plazo. No se trata de bienes homogéneos fácilmente reemplazables. Existe una integración productiva compleja, con cadenas de valor compartidas, insumos específicos y procesos sincronizados.

Cambiar proveedores implica inversiones, certificaciones, ajustes logísticos y tiempo. Mientras tanto, la producción se ve afectada, los costos aumentan y el empleo se reduce. Se estima que hasta 40.000 empleos podrían estar en riesgo si esta situación persiste.

Colombia es el quinto destino de exportaciones no petroleras del Ecuador y una fuente clave de insumos intermedios. La ruptura de esta relación tiene efectos inmediatos sobre la industria, la salud y el bienestar de los consumidores. Un superávit bilateral no es una victoria económica; puede ser, de hecho, un síntoma de menor integración y actividad.

A mayor brecha de precios generada por aranceles, mayor incentivo al comercio ilegal, menor recaudación fiscal y mayor informalidad.

 

 

Impacto en el mercado bursátil ecuatoriano

Todos estos factores convergen en el mercado bursátil. Las empresas enfrentan mayores costos, menor demanda y mayor incertidumbre. Aquellas con exposición a importaciones o a cadenas productivas regionales verán presionados sus márgenes.

En un entorno global volátil, la política local añade una capa adicional de riesgo. Esto desincentivará la inversión y limitará el desarrollo del mercado de capitales.

 

Conclusión: dos guerras, un mismo resultado

Ecuador enfrenta un deterioro claro en sus perspectivas económicas de corto plazo. No es un solo shock, sino la acumulación de múltiples factores que están afectando simultáneamente la producción, la inversión y la confianza. Seis factores están debilitando el escenario económico inmediato:

1. El alza del petróleo por la guerra en Medio Oriente, que eleva costos, presiona la inflación y reduce el crecimiento global.

2. La emergencia nacional por lluvias, que afecta infraestructura, logística y actividad productiva.

3. El toque de queda, que restringe operación de sectores clave y consumo.

4. El déficit eléctrico, que limita la producción y desincentiva la inversión.

5. La aprobación del ART con EE. UU., que introduce incertidumbre sobre el acceso real a mercados y las condiciones de competencia.

6. La pugna arancelaria con Colombia, que encarece insumos, rompe cadenas productivas y pone en riesgo empleo.

 

A estos factores se suma un entorno financiero más incierto: un dólar más volátil —que alterna entre debilidad estructural y episodios de fortalecimiento como activo refugio— complica los flujos de capital y eleva la percepción de riesgo en economías emergentes como Ecuador.

En economía, los shocks externos no se pueden evitar. Pero las decisiones internas sí pueden ayudar a amortiguarlos… o amplificarlos.

 

 

DESCARGA EL ARTÍCULO PULSO BVQ N°3 AQUÍ

También te puede interesar

julio 29, 2026

Mercado bursátil vs. extrabursátil: el ahorro que puede salir caro

La cifra que cambia el debate En 2025, el mercado bursátil ecuatoriano negoció $18.224 millones. Fuera de bolsa, el segmento observable de operaciones públicas registradas en bonos del Estado y CETES sumó al menos $7.857 millones. La cifra no representa el total del mercado extrabursátil.

Ver más
febrero 27, 2026

Ecuador volvió a los mercados y mejora su estructura de deuda

Publicación de: Alberto Acosta-Burneo El retorno del Ecuador a los mercados internacionales de capitales en enero de 2026 no debe entenderse como una simple emisión de bonos. Lo que el país obtuvo no fue solo financiamiento, sino un mayor margen temporal para ordenar sus obligaciones.

Ver más
febrero 2, 2026

Mercado de Valores: Sólida expansión en 2025

Publicación de: Alberto Acosta-Burneo El mercado de valores ecuatoriano cerró 2025 con un desempeño claramente positivo, consolidando una fase de expansión que no solo se refleja en mayores montos transados, sino también en una mayor profundidad relativa frente al tamaño de la economía. El valor

Ver más